cuando mi mente empieza a volar pero los pies siguen en el suelo, suelo (simpatica coincidencia lexica) sentir, entre varias emociones abstractas, lo que es la libertad. Lo particular es que esta libertad es algo en el medio de la nada, un vacio y la caja de Pandora flotando (destapada). Es entonces cuando los egos y las caras se fusionan, todo se comprime y estalla el conflicto: ¿por qué tanto espacio y las masas de ego comiéndose entre sí? ¿no existe (y ahora me refiero a algo que exista) un estado de paz, una tregua? No, esto es incontrolable por la sola razon de que yo lo controlo... ¿y cuál yo?
Ego en algún (ningún) lugar (nada).
Soledad. La cara inexpresiva, el mundo inexpresivo, el abandono es inminente. Preguntando por qué, para qué, se pierden los gritos que se gritan mientras se está en silencio. Las respuestas no existen, porque no hay un por qué ni un para qué si no hay nada, si después de que todos se fueron y el último apagó la luz lo único que queda es eso: no hay ruido ni silencio, ni movimiento, ni quietud nisiquiera nada; solo no ruido, no silencio, no movimiento, no quietud y no nada ("nada, nada, nada..."). Pero una cosa queda, eso que queda solo si no hay otras cosas: la soledad.
Soledad: divisiones por cero, no nadas. Depresión, sufrimiento, desgarros, suicidio de todo lo que no se ve ni se toca (o peor: suicidio que se ve y se toca)... cualquiera puede tener cualquier cosa, pero cuando la soledad llega, todo se pierde en un segundo, así como puede no tenerse nada, pero la soledad siempre encuentra algo que sacarte.
Lo importante acá es que el material no importa, ¿se dan cuenta?, es tragicamente extraordinario. Miles de muñecas sangrantes con caras inexpresivas se preguntan por qué y para qué si se está en soledad, pero nadie les va a responder... ¡ayúdennos, ayúdennos!
Ego.
Ego de ultratumba emerge para tomar la palabra (y no decir nada en especial).
A muchos muertos sus familias les llevan flores para alegrarles la vida.
Las flores, según dicen esos supermédicos caros dueños de las clínicas esas que más bien son como hoteles 5 estrellas, mejoran la calidad de vida. Es obvio: con esos colores, olores, esa frescura. No hay flores en las casas de los pobres, no hay flores en las cárceles ni en las tumbas que yacen en el fondo de ríos, mares y océanos. Pero, ¿a quién le importa? Compre flores, son amnésicas: olvídese de todo eso y mejore su propia calidad de vida.
Los muertos no ven, no huelen, no sienten las flores. En países como Méjico la muerte es adornada (¿para ocultar el dolor?) pero los muertos no sienten el bochinche. Las fiestas y las flores mueren en un rato, y tarde o temprano la amnesia se acaba.
Como sea, brindemos por todos los muertos tristes y felices: ya no sienten. ¿Y las flores? Tampoco.
Ego que no es ni muerto ni flor.
Ego de un niño interior
En los días de lluvia se vuela un alma (o más). Es difícil asimilarlo, pero cuando uno menos lo espera unas manos salen de los arbustos de la plaza, se llevan a un niño y lo desaparecen. A veces miro las mariposas de los árbolas (porque últimamente los árboles de la plaza están plagados de mariposas) y creo que son las mismas manos que se roban a los gatitos, a mi gata Luna, que se fue y no volvió. Hay algunas almas para las cuales no alcanza un enjambre de maripositas, sino que también hacen falta cuervos y perros de los más despiadados, hienas, halcones. Después esas almas abonan la Tierra... muchos de nosotros querríamos tener una plantita de gatita perdida (Luna, ojalá fueres el primer durazno que de el duraznero el próximo verano), de Oesterheld, de Che Gevara ¿Cómo serían? Quizá yo tenga alguna. En Argentina todavía llovizna, hasta cuando hay sequía, porque la gente se muere: lo que llueve es baba de todas las bestias. En mi casa alguien se murió, mucho antes de que me mudara, y la mató la lluvia. En esos días yo también pineso en hacer crecer una flor, o por lo menos alimentar a las lombrices, desde la Tierra.
Otro ego que está de cumpleaños (hoy, 14 de mayo)
Dos manos serán lavadas. Abren la canilla y el agua nueva fluye insípida, incolora, inodora, y las manos hacen un hueco para atraparla antes de que siga su recorrido. El agua estancada se mezcla con la suciedad de esas manos: mugrosas, ensangrentadas, fétidas podridas. Sin embargo, el agua, de a poco, gota por gota, se escapa de estas manos poco gentiles y se encamina hacia un vacío, y va a llenarlo. Las manos siguen sucias, y dejan correr más y más agua sin querer. Luego tomarán otras aguas nuevas.
Ya pasaron 15 años de manos sucias y estancamiento. Que sean 16 de gotas libres.
Los egos luchan y gritan, y el cerebro da las órdenes: agarrar el papel, la lapicera...
Bueno, no revisé los textos, mañana lo hare pero si tengo errores corrijanme, gracias por eso y por leerme... prometo dedicarle mas tiempo al blog a partir de ahora, suerte!
jueves, 13 de mayo de 2010
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