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Pájaros.
(Los pájaros)
Los pájaros que anidan en las cabezas (no los caranchos, sino los que están del lado de adentro) son especies imposibles de identificar: algunas veces me parecen colibríes, ligeros, curiosos y alegres; otras me parecen cuervos, rapiñando entre la masa fétida, dando picotazos, hurgando entre la mierda, acechando (¿alentando?) la muerte, para aprovecharse de sus víctimas; otras, cóndores, libres, sagaces, astutos y feroces. Podría seguir y escribir una novela caracterizando a estos singulares seres, que no son realmente... o sí.
Viven y mueren encerrados, libres sólo cuando el dueño de la cabeza-nido se los permite.
(Mis pájaros)
A mi me gusta dejarlos ir una cuantas veces al día, aunque a la vuelta pueden ponerse violentos y picotear, es porque ellos ya son prácticamente independientes. Trato de amaestrarlos pero de vez en cuando (siempre) se revelan.
Cuando salen, son excesivamente curisos, insaciables. El tráfico en mi cerebro es enorme, y es ese mi único orgullo (y defecto). Comen, pican, miran, quieren, odian. Cuando se enferman de libertad, hay que llamar a alguien para que los cure, pero... ¿Llamar a alguien para que cure la libertad? ¿Qué es eso?
A veces no se sabe cuál es el derecho y cuál es el revés. Y tantas vueltas marean.
Cuando un límite se transgrede, ese límite se corre... desaparece.
(Tus pájaros)
Los malcriás demasiado, y los presionás. A mi me gusta cuando los dejás libres; a vos también, pero tenés miedo, entonces te conformás (pretendés conformarte) con engañarlos, les inventás un vuelo, te inventás un vuelo, que en realidad no es mejor que el encierro... puros espejitos de colores.
A veces me armo de valor para enfrentarte y soltártelos, y jugamos un rato con ellos. Y soy muy feliz. Espero que algún día me prestes algunos. Y así soy muy feliz.
"Los pájaros desde las ramas contemplan a las criaturas humanas" (Jaques Prevert)

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