Aislamiento mal.
La discriminación es el peor rasgo de la especie humana. Duele ver discriminación, y duele por todas partes: desde la escencia de nuestro Sistema (que indica que los ricos, de clase alta, pueden tener más y mejores cosas que los de clases más bajas, una obviedad), hasta una simple ofensa inconsciente como "negro de mierda" o, más la inconsciente todavía, y hasta justificada por tradición, "puto", y todos sus derivados. Duele discriminar. Duele ser discriminado, separado, excluido. Duele discriminarse, ser consciente de que, más allá de las actitudes de quienes nos rodean, somos diferentes. Superiores o inferiores: no formamos parte. Duele cuando no pertenecés; cuando, por condición, entendés que sos excluido de tu propio (TU PROPIO) entorno. Duele estar al margen.
Aislamiento bien (o aislamiento peor).
Pero duele todavía más cuando de repente te pusiste en evidencia, cuando te conocieron (¡y era justo lo que querías!), y esa discriminación, maginación, aislamiento, se justifican, ¡SÍ! ¡ESTÁN BIEN! Duele cuando te empujan al otro lado del margen, cuando trazan un círculo, un límite, y quedás en el medio, ¡y con lo que te fastidian los límites! (es el límite social, querido marginado, cerrado y ajustado) y no tenés lugar más que para respirar... con alguna contorsión, quizá para algo más. No se puede extrañar, ni ser libre, y, a duras penas, se puede querer. Duele cuando los extremos de la línea del margen se unen a tu alrededor, y ya nadie se atrevería a traspasar ese límite (excepto algunos valientes y rebeldes... o con un poco de sentido comun, es lo mismo*), y todos giran en torno a él ¿Cómo se da el primer paso hacia el otro lado con los pies atados? ¿Cómo se vive, cómo se sale cuando la salida no es más ni menos que el problema (aunque justificado esta vez)?
Saltando de un lado a otro de la frontera se me cansan los pies.

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