miércoles, 1 de abril de 2009

viaje surrealista de un sujeto parecido a mí

Siempre pensé: ¿Por qué siempre debemos admirar las "pequeñas cosas" de la vida? ¿A qué se refiere ese término? ¿Y por qué no admirar las grandes?
A mi criterio, es sólo una manera de poner un límite a nuestros deseos, de conformarnos con logros viejos, gastados. No es que no agradezca lo que (por suerte) ya tengo, pero siempre me arrimé a los grandes ideales, siempre quise saber más y conocer más. Observo, studio, toco, analizo.
Nací, y sin saber moverme en tierra firme quise volar. Por más que intenté, siempre terminé tropezando. Ahora, de a poco, comienzo a caminar y a moverme más allá de la gran pared de vidrio contra la que chocaba una y otra vez. Sólo creo en lo que veo, y soy devoto de quienes cumplen sus promesas; mis rodillas sangran pero mis pies no están descalzos. Me abro paso entre la gente, como un chico explorando los médanos de una playa bonaerense, y avanzo muy despacio: dos pasos hacia adelante, uno hacia atrás; tres pasos al frente, dos en retroceso. Todos me superan (todos menos yo) y me mantengo al margen, y sigo aprendiendo y estudiando... y anhelo el momento en el que el azar me dé su mano, y el gran salto se suceda (ya lo dijo John Lennon: "quizá dirás que soy un soñador, pero no soy el único").




Autocrítica: hace mucho que no hacía narraciones como esta... que no llegan a ningún lado jaja. No me gusta mucho como quedó, pero... la opinión es de ustedes.